Artículo:Franklin Guzmán Zamora

Ni español ni indígena: la transculturación en la narrativa colonial de Alvar Núñez Cabeza de Vaca

 

            En el presente ensayo, analizo el libro Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, cuyo título original era Relación y Comentarios del gobernador Álvar Núñez Cabeza de Vaca, de lo acaescido en las dos jornadas que hizo a las indias. Utilizo la edición de Juan Francisco Maura, Ediciones Cátedra, 1998, que se basa en la segunda edición del texto, de Valladolid, 1555 (el título Naufragios data del siglo XVIII). Álvar Núñez Cabeza de Vaca naufragó durante la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida y convivió con los indígenas de Norteamérica (zona que hoy se conoce como sudoeste de los Estados Unidos) entre 1527 y 1536. En Naufragios, el narrador comienza escribiendo desde la primera persona singular “yo”, diferenciándose y distanciándose del “otro” indígena. Al final del texto, no obstante, el “yo” se convierte en una primera persona plural, “nosotros”, que se identifica y une con los indígenas. Propongo que este cambio en la manera en que el narrador percibe su “yo” se relaciona con un proceso transcultural que es evidente a través de la narración. En este estudio, examino cómo se da un proceso de transculturación en el protagonista español que narra la historia en el texto.

            El término “transculturación” fue acuñado por el etnógrafo y antropólogo cubano Fernando Ortiz en 1940 en contraposición al término “aculturación”. En la aculturación, ciertos elementos de una cultura dominante se imponen y son recibidos pasivamente por los miembros de una cultura dominada. En la transculturación, por otra parte, existe un sujeto activo en el proceso transitivo entre una cultura y otra. El resultado de la transculturación, según Ortiz, es una cultura híbrida que incluye elementos de ambas culturas, pero a la vez es distinta de ambas (260).

            Entendemos que el vocablo transculturación expresa mejor las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, porque éste no consiste solamente en adquirir una distinta cultura, que es lo que en rigor indica la voz angloamericana acculturation, sino que el proceso implica también necesariamente la pérdida o desarraigo de una cultura precedente, lo que pudiera decirse una parcial desculturación, y, además, significa la consiguiente creación de nuevos fenómenos culturales que pudieran denominarse de neoculturación. Al fin, como bien sostiene la escuela de Malinowski, en todo abrazo de culturas sucede lo que en la cópula genética de los individuos: la criatura siempre tiene algo de ambos progenitores, pero también siempre es distinta de cada uno de los dos. (Ortiz 260)

El concepto de transculturación fue retomado en la década de 1970 por el crítico uruguayo Ángel Rama, quien amplió y desarrolló la teoría transcultural de Ortiz, aplicándola a la literatura en su texto Transculturación narrativa en América Latina (1982). Para Rama, la transculturación remite a una  “plasticidad cultural que permite integrar las tradiciones y las novedades: incorporar los nuevos elementos de procedencia externa a partir de la rearticulación total de la estructura cultural propia” (Sobrevilla 22). En la transculturación, se da en un proceso de “pérdidas, selecciones, redescubrimientos e incorporaciones” (Sobrevilla 23). Esto implica un proceso de interacción en el cual el sujeto adopta elementos de la nueva cultura, pierde prácticas culturales propias e incorpora nuevos valores a su propia cosmovisión.

            Núñez Cabeza de Vaca había sido tesorero y alguacil mayor en la naufragada expedición a la Florida del gobernador Pánfilo de Narvaez en 1527. Retornó a la Nueva España en 1536. En su texto Naufragios, Núñez reinterpreta los acontecimientos pasados entre 1537 y 1940 (Pupo-Walker, “Sección introductoria” 66). Escribe desde su nueva situación de reincorporado a la sociedad española y dentro de un espacio de tiempo que lo separa de lo acaecido. La narrativa de Naufragios, demuestra cómo el autor analiza lo que sucedió. De acuerdo a Sylvia Molloy, “es el descubrimiento del yo con respecto al otro, el permanente replanteo de un sujeto ante una alteridad cambiante que determina sus distintas instancias” (426). En su escritura, Núñez parece ser consciente de los procesos de cambio que atravesó en los años en que tuvo que adaptarse a códigos diferentes para sobrevivir. Núñez y sus compañeros españoles “tienen que cambiar su visión de mundo y adaptarse a condiciones muy diferentes a las que estaban acostumbrados, es decir, tienen que incorporar, en gran medida, la otredad americana” (Spitta 317). En el texto de Núñez, “se producen inversiones en la narración que obviamente no eran las habituales en las relaciones que describen la exploración y la conquista del Nuevo Mundo” (Pupo-Walker, “Pesquisas para una lectura…” 518). El “yo” que comienza narrando la historia y se identifica como español. Al final de la historia, ese “yo”, se distancia de los cristianos o españoles, marcando una clara diferencia. Esta transformación del “yo” revela un proceso de transculturación del “yo narrativo” en el texto.

            Según el investigador Enrique Pupo-Walker, el texto de Núñez tuvo una evolución en la escritura que abarca cuatro etapas. En las dos primeras ediciones, 1542  y 1555,  el autor indica que su primer texto sobre lo acaecido fue escrito cuando la expedición estaba en Cuba después de sufrir el embate de un huracán (entre 1527 y 1528). Este texto hoy está desaparecido, pero se presupone que se trataba de un informe burocrático redactado como parte de las funciones de Núñez. Núñez vuelve a informar por escrito en 1536 al retornar a Nueva España, cuando, al igual que los otros tres sobrevivientes de la expedición, presenta un informe breve de lo ocurrido a las autoridades. Luego, en España, Núñez “redactará, con cambios y ampliaciones muy considerables, una relación mucho más personalizada que será la que se publicará en Zamora en 1542” con el título Relación que dio Alvar Núñez Cabeza de Vaca de lo acaescido en las Indias en la armada donde yva por governador Pánfilo de Narváez desde el año de veynte y siete hasta el año de treinta y seis que bolvió a Sevilla con tres de su compañía (Pupo-Walker, “Sección introductoria” 71).

            El texto de Núñez posee características de la crónica colonial, de la épica, de la autobiografía y de los diarios de viajes. Naufragios “nace como crónica, y por tanto tiene que declarar la completa veracidad de los hechos relatados, pero presenta también unos rasgos propios de la épica, de la autobiografía, e incluso del estudio antropológico” (Serra 1). El texto escrito a su regreso a España entre 1537 y 1540,  podría indicar, como sugiere Jacques Lafaye, que Núñez tenía la intención de conseguir dones del emperador Carlos V “con el objeto de obtener la capitulación en 1540, por la cual llegaría a ser adelantado” (ctdo. en Vidaurre 4). Aunque la expedición de Pánfilo de Narváez fue un fracaso, Núñez le resta importancia a ese fracaso y resalta, en vez, el valor de su experiencia como náufrago y la importancia de los conocimientos adquiridos sobre los territorios del sudoeste de los Estados Unidos que podrían ser conquistados para la corona.

            “que aunque en ellas se lean algunas cosas muy nuevas, y para algunos muy difíciles de creer, pueden sin duda creerlas: y creer por muy cierto, que antes soy en todo más corto   que largo: y bastará para esto haberlo ofrecido a Vuestra Majestad por tal. A la cual suplico la reciba en nombre del servicio: pues este todo es el que un hombre que salió    desnudo pudo sacar consigo”. (Núñez 76)

Este conocimiento es ofrecido por Núñez al servicio de la corona, dejando entrever que conoce muchas más cosas de las que ha podido redactar “soy en todo más corto que largo”.

            El texto Naufragios tiene características autobiográficas, porque el narrador narra y organiza sus memorias sobre los eventos vividos durante un periodo extraordinario en su vida. En la primera parte, el narrador hace uso de un “modo impersonal”, indicando una fecha precisa, un lugar de salida y el nombre de la persona en quien se centra la acción narrativa (Vidaurre 1). La forma impersonal da paso al uso intercalado de los pronombres de la primera persona plural “nosotros” (para referirse a sí mismo junto con los españoles de la expedición) y la primera persona singular “yo”. El uso del “yo” en la narración nos acerca por momentos al yo autobiográfico “que se desprende de la voz testimonial para asumir su individualidad, destacándose entre los miembros del grupo” (Vidaurre 7).     La expedición de Narváez sufre varios fracasos “hasta dispersarse en un sucesión desesperada de naufragios” (Pupo-Walker, “Notas para la caracterización…” 167). La ruptura de las relaciones entre el grupo de conquistadores causa un naufragio definitivo.

            Yo le dije que, pues vía la poca posibilidad que en nosotros había para poder seguirle y hacer lo que había mandado, que me dijese qué era lo que mandaba que yo hiciese. Él me respondió que ya no era tiempo de mandar unos a otros; que cada uno hiciese lo que mejor le pareciese para salvar la vida. (Núñez 114)

La ruptura definitiva de la expedición de Narváez inicia el alejamiento de Núñez de la cultura conocida. A partir de este momento, comienza un proceso cultural transitivo en el cual Núñez y otros tres compañeros se encuentran con las nuevas culturas con las que conviven por un periodo de aproximadamente diez años. En su narración de los sucesos, Núñez alude a un proceso de adquisición de nuevos elementos culturales amerindios que implica a su vez un parcial desarraigo de la cultura española. La transculturación en el texto de Núñez se revela entonces a partir de la creación de nuevos fenómenos culturales en la interacción de la cultura española y las indígenas.

            En el nuevo contexto de los naufragados, se invierten los poderes. La cultura indígena era considerada por los españoles como “salvaje” y usualmente dominada durante la época de la conquista. Después del naufragio, la expedición española pierde a la mayoría de la tripulación. Además, los españoles pierden su poder naval y militar. Los españoles naufragados se convierten en una especie de “minoría étnica”. Al llegar a tierra, ya no pueden dominar a los indígenas. Por necesidad, deben conocer a los indígenas y dependen de ellos para poder sobrevivir. “No sólo empiezan a comprender a los indios y a adaptarse a su modo de vida, sino que su concepción de la vida, del cuerpo, de la cultura, de la medicina y la religión empieza a cambiar” (Spitta 318). En Naufragios, el narrador deja de ver a los indígenas como “salvajes” sin cultura y reconoce la diversidad cultural y social del “Nuevo Mundo”, es decir, la heterogeneidad cultural del “otro”. Esta nueva visión del indígena es producto del proceso de transculturación de Núñez. A continuación, analizo algunos ejemplos claves para entender cómo Núñez escribe sobre su proceso transcultural en Naufragios.

            Un elemento importante de la transculturación del protagonista de Naufragios es su desnudez física después del naufragio, “desnudos como nacimos y perdido todo lo que traíamos” (Núñez 120). La pérdida de su vestimenta europea constituye un despojo visible de los elementos culturales materiales que identifican a Núñez como español, es decir, como “civilizado”. La desnudez física es también una desnudez simbólica. “Así desnudo, el yo sería una suerte de espacio despojado (España ha quedado atrás) que se irá llenando de lo desconocido -América- hasta lograr nuevo ser, nueva identidad” (Molloy 432). Despojado de los elementos culturales materiales de su sociedad, Núñez debe adaptarse al “nuevo” mundo para sobrevivir y adoptar los elementos culturales materiales de la nueva cultura. Al perder la ropa europea, Núñez debe adquirir una nueva vestimenta indígena. “Anduvimos siempre en cueros como ellos, y de noche nos cubríamos con cueros de venado” (160). El uso de vestimenta de cuero (de pieles de animales) reemplaza al traje europeo y es parte del proceso transcultural.

            El proceso de transculturación también se refleja en los cambios en los hábitos alimenticios de Núñez, “desde el mes de mayo pasado yo no había comido otra cosa que maíz tostado” (120). La dieta de Núñez varía según la época del año y en muchas ocasiones sólo hay una cosa que comer. Núñez aprende de los indígenas cómo alimentarse de nuevos frutos. “En todo el tiempo que comíamos las tunas teníamos sed, y para remedio de esto bebíamos el sumo de las tunas y sacábamoslo en un hoyo que en la tierra hacíamos, y desque estaba lleno bebíamos de él hasta que nos hartábamos” (149). A veces come la carne cruda pues resulta más digerible que asada, “nos dábamos pena comerlo asado, y no lo podíamos también pasar como crudo” (163). También menciona que “comimos los perros” como fuente de carne (164). El aprendizaje alimenticio implica la adquisición de nuevas costumbres culinarias.

            Por otra parte, para poder comunicarse Núñez tuvo que aprender nuevas lenguas. Aprendió seis lenguas indígenas que le sirvieron tanto para comunicar como para comerciar, “aunque sabíamos seis lenguas, no nos podíamos en todas partes aprovechar de ellas, porque hallamos más de mil diferencias” (195). Además de las seis lenguas aprendidas, Núñez indica que existía una gran variedad de otras lenguas. Núñez comienza a percibir a los indígenas como personas con idioma y cultura.

            A medida que el relato avanza, Núñez elimina la mención de las fechas del calendario europeo, que representa la concepción europea del tiempo. Al final del texto deja de hablar de fechas y se refiere a los eventos en el tiempo a partir de las estaciones o las salidas o puestas del sol. “Partimos de allí llevándolas por guía, y pasamos un río cuando ya vino la tarde que nos daba el agua a los pechos. Sería tan ancho como el de Sevilla, y corría muy mucho, y a puesta del sol llegamos a cien casas de indios” (175). Núñez adopta una nueva forma de concebir el tiempo.

            El trabajo es otro elemento importante de inserción en las culturas del “Nuevo Mundo”. Tradicionalmente, los conquistadores tenían la posibilidad de recibir tierras en los territorios “descubiertos”, junto con trabajadores esclavos que producirían la riqueza para ellos. En el nuevo entorno de los náufragos, es necesario trabajar para la comunidad. El conquistador ya no es “ocioso”, sino que tiene que trabajar para ser productivo dentro de la cultura en la que esta insertado “entre otros trabajos muchos, había de sacar las raíces para comer de bajo del agua y entre las cañas donde estaban metidas en la tierra. De esto traía yo los dedos tan gastados, que una paja que me tocase me hacía sangre de ellos” (133). Las manos delicadas de Núñez revelan su poca experiencia con el trabajo manual.

            La movilidad social dentro de la sociedad indígena permite a Núñez asumir la función de mercader, con lo cual se posibilita que Núñez se movilice de una comunidad indígena a otra. “Y ya con mis tratos y mercaderías entraba en la tierra adentro todo lo que quería” (133).  Para la profesora Silvia Spitta, la sobrevivencia de Núñez “dependía de su utilidad. Él logra serle útil a la gente que lo había salvado cuando empieza a ir de tribu en tribu llevándoles lo que les hacía falta” (319). El protagonista de Naufragios entiende que al asumir el rol de mercader su posición en la comunidad cambia y esto le trae beneficios “y porque yo me hice mercader, procuré de usar el oficio lo mejor que supe, y por esto ellos me daban de comer y me hacían buen tratamiento” (133). La comida y el buen trato de los indígenas son los beneficios que Núñez recibe al insertarse en la economía de las comunidades indígenas.

             y este oficio me estaba a mí bien, porque andando en él tenía liberad para ir donde quería y no era obligado a cosa alguna, y no era esclavo, y dondequiera que iba me hacían buen tratamiento y me daban de comer por respeto de mis mercaderías. (133-134)

En la cultura originaria de Núñez, la comida, el respeto y la libertad se obtenían mediante la riqueza económica (dinero) y material (objetos) que otorgaban status social y dignidad al poseedor. En el nuevo contexto, Núñez reconoce que el status y la dignidad se pueden adquirir al servir a la comunidad. La comida, el respeto y la libertad son revalorados por el narrador en la nueva dinámica social.

            Como mercader, Núñez aprende que el valor de las cosas es relativo. En cada comunidad indígena que conoce, se le da un valor distinto a los objetos. El intercambio de cosas o trueque se funda en el valor utilitario de cada objeto.

            Lo principal de mi trato era pedazos de caracol de la mar y corazones de ellos y conchas, con que ellos cortan una fruta que es como frísoles, con que se curan y hacen sus bailes y fiestas, y ésta es la cosa de mayor precio que entre ellos hay … y en cambio y trueco de ello traía cueros y almagra.” (133)

De acuerdo a Spitta, quizás Núñez efectúa el primer trueque en igualdad de condiciones entre un español y un indígena, algo poco común en una crónica de la conquista. Además, “no sólo ha cambiado lo que se intercambia sino que ha cambiado el fin del intercambio: ahora proviene de la necesidad de supervivencia; ya no tiene un fin mercantilista como hasta ese entonces” (Spitta 319). Por el proceso de transculturación, Núñez incorpora una nueva lógica económica indígena, basada en el trueque de necesidades y no en la acumulación de oro o riqueza.

            Además del comercio, otro campo en el que los indígenas integran al náufrago de una manera útil a la comunidad es la medicina (Prieto 132). La necesidad de sobrevivencia obliga a Núñez hacerse curandero.

            nos quisieron hacer físicos… y mandáronnos que hiciésemos lo mismo y sirviésemos en algo; nosotros nos reíamos de ello, diciendo que era burla y que no sabíamos curar; y por esto nos quitaban la comida hasta que hiciésemos lo que nos decían… En fin, nos vimos   en tanta necesidad, que lo hubimos de hacer, sin temer que nadie nos llevase por ello la pena” (129)

El narrador combina elementos cristianos en sus prácticas curativas. Por tanto, otro factor relevante en la narración de Naufragios es el sincretismo religioso practicado por Núñez. La narración de Núñez muestra una combinación de prácticas rituales indígenas y cristianas relacionadas a las prácticas curativas que el narrador es obligado a realizar,

            La manera con que nosotros curamos era santiguándonos y soplarlos, y rezar un «Pater Noster» y un «Ave María», y rogar lo mejor que podíamos a Dios nuestro Señor y su misericordia que todos aquéllos por quien suplicamos, luego que los santiguamos decían a los otros que estaban sanos y buenos. (130)

Núñez mezcla métodos de curación europeos y americanos. La investigadora Maureen Ahern considera a Núñez como un mediador cultural desde el momento en que se apropia y articula los signos rituales indígenas y cristianos (ctdo. en Jablonska 145) como el soplo y la oración, la cruz cristiana y la calabaza ritual indígena, “comenzamos a llevar calabazas con nosotros, y añadimos a nuestra autoridad esta ceremonia, que para ellos es muy grande” (Núñez 181). Las prácticas de curación le otorgan a Núñez estatus social, respeto y poder, “entre todas estas gentes se tenía por muy cierto que veníamos del cielo… Teníamos con ellos mucha autoridad y gravedad” (195). Parte del proceso de transculturación de Núñez es integrar la visión religiosa indígena a su propia visión religiosa cristiana. La nueva espiritualidad de Núñez es una mezcla de dos culturas. En sus prácticas curativas, Núñez refleja elementos de las dos espiritualidades, que a la vez constituyen una nueva espiritualidad, distinta de la indígena y la española.

            Empoderado por la función de curandero, Núñez utiliza ese poder para encaminarse rumbo a la “Nueva España”. En su viaje de retorno, Núñez se encuentra con españoles a caballo que no lo reconocen, “recibieron gran alteración de verme tan extrañamente vestido y en compañía de indios. Estuvieron mirándome mucho espacio de tiempo, tan atónitos, que ni me hablaban ni acertaban a preguntarme nada” (202). Núñez logra que los caballeros lo reconozcan como español a través del uso del castellano. El idioma es lo único que permite a los españoles a caballo diferenciar a Núñez del resto del grupo indígena. Físicamente, el narrador ha sufrido una transformación. Se viste como indígena y va acompañado de indígenas, a los que trata como personas, “traían consigo más de seiscientas personas, que eran de aquel pueblo que los cristianos habían hecho subir al momento” (énfasis mío, 204). El uso del término “personas” para hablar de los indígenas en la narración es un cambio significativo en la manera en que se les describía anteriormente como “tan sin razón y tan crudos, a manera de brutos” (121). Al final del texto, el discurso de Núñez ha cambiado y entonces les otorga estatus de pertenecientes a la humanidad a los indígenas, anteriormente excluidos de la condición humana.

            La transculturación de Núñez se hace aún más patente al momento del encuentro con los españoles, cuando Núñez se refiere a los españoles como los “cristianos” sin incluirse. En su narración Núñez escribe sobre el encuentro con los “cristianos” y señala que “pasamos muchas y grandes pendencias con ellos, porque nos querían hacer los indios que traíamos esclavos” (énfasis mío, 204). El narrador se refiere a los españoles con el pronombre “ellos” revelando un distanciamiento. A la misma vez, se identifica con los indígenas haciendo uso del “nos”. Los indígenas también perciben a Núñez como diferente de los otros españoles.

            A los cristianos les pesaba de esto, y hacían que su lengua les dijese que nosotros éramos de ellos mismos, y nos habíamos perdido mucho tiempo había, y que éramos gente de poca suerte y valor, y que ellos eran los señores de aquella tierra, a quienes habían de obedecer y servir. Mas todo esto los indios tenían en muy poco o nada; antes, unos con otros entre platicaban, diciendo que los cristianos mentían, porque nosotros veníamos de donde salía el sol, y ellos donde se pone; nosotros sanábamos los enfermos y ellos mataban los que estaban sanos; y que nosotros veníamos desnudos y descalzos, y ellos vestidos y en caballos y con lanzas. Que nosotros no teníamos codicia de ninguna cosa, antes todo cuanto nos daban tornábamos luego a dar, y con nada nos quedábamos, y los otros no tenían otro fin sino robar todo cuanto hallaban, y nunca daban nada a nadie. (205).

En esta narración Núñez, desde la voz de los indígenas, marca un distanciamiento de los otros españoles. Núñez se nombra como diferente de los otros cristianos. Los indígenas lo ven como diferente. Para los indígenas, Núñez y sus compañeros no comparten las características violentas de los españoles, la diferencia se marca desde el lugar de origen diferente (el este, en vez del oeste) y hasta su generosidad (frente a la codicia y deshonestidad de los conquistadores).

            Núñez se vuelve un problema para los españoles que desean esclavizar a los indígenas que vienen con él. Por ello, los españoles separan a Núñez de los indígenas y le ocultan sus acciones, para que no vea el engaño.

            los cristianos nos enviaron, debajo de cautela, a un Cebreros, alcalde, y con él otros dos, los cuales nos llevaron por los montes y despoblados, por apartarnos de la conversación de los indios, y porque no viésemos ni entendiésemos lo que de hecho hicieron; donde parece cuánto se engañan los pensamientos de los hombres, que nosotros andábamos a     les buscar libertad, y cuando pensábamos que la teníamos, sucedió tan al contrario, porque tenían acordado de ir a dar en los indios que enviábamos asegurados y de paz. Así como lo pensaron, lo hicieron. (207)

La palabra, tan importante en la cultura oral indígena, pierde su valor al retornar al mundo “civilizado” cristiano, en el cual lo que más importa es la palabra escrita. Los españoles le aseguran a Núñez que permitirán retornar a sus tierras a los indígenas, pero los esclavizan, por lo cual Núñez se siente traicionado. Esta identificación de Núñez con el infortunio indígena marca definitivamente su diferenciación de la cultura de los “cristianos” de la cual él debía volver a formar parte. De esta forma, Núñez deja en claro las diferencias culturales que lo alejan de los cristianos españoles y lo acercan a las culturas indígenas por causa del proceso de transculturación que ha experimentado.

            Núñez tiene dificultades de adaptación en el proceso de reinserción a la sociedad española. Una dificultad se relaciona con la vestimenta, “llegados en Compostela, el gobernador nos recibió muy bien, y de lo que tenía nos dio de vestir; lo cual yo por muchos días no pude traer” (214). Al haberse adaptado a utilizar vestimenta de cuero por diez años, la vestimenta europea se torna incómoda. De igual forma, al retornar a las costumbres europeas, la cama le parece poco confortable y prefiere el suelo, “ni podíamos dormir sino en el suelo” (214).  Estos detalles confirman el impacto del proceso transcultural de Núñez luego de vivir con las culturas indígenas de Norteamérica.

            El análisis transcultural de la narrativa de Álvar Núñez Cabeza de Vaca desenmascara el proceso de rearticulación cultural del “yo” narrativo. En Naufragios, el “yo” pierde parcialmente elementos de su cultura, como la vestimenta, la comida, el uso diario del idioma castellano, ciertos valores socioeconómicos y una comunidad religiosa cristiana. Al mismo tiempo, el “yo” adquiere elementos culturales nuevos, ropa de cuero, nuevos hábitos alimenticios, nuevas lenguas, nuevas formas de insertarse en la economía mediante el trueque, y nuevas prácticas religiosas. En el texto, el “yo” incorpora todas estas pérdidas y adquisiciones, rearticulándolas en una nueva identidad, que no es española ni es indígena.

Obras citadas

 

Jablonska, Aleksandra. “Cabeza de Vaca: el encuentro intercultural”. Política y cultura 18 (2002): 133-155.

Molloy, Sylvia. “Alteridad y reconocimiento en los Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca”. Nueva revista de filología hispánica 35 (1987): 425-449.

Núñez Cabeza de Vaca, Álvar. Naufragios. Ed. Juan Francisco Maura. Madrid: Cátedra, 1998.

Ortiz, Fernando. Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar. Madrid: Cátedra, 2002.

Prieto Calixto, Alberto. “Aculturación en las fronteras de América. Cabeza de Vaca: el primer mestizo cultural”. Estudios fronterizos 8.16 (2007): 123-143.

Pupo-Walker, Enrique. “Pesquisas para una nueva lectura de los Naufragios, de Alvar Nuñez

Cabeza de Vaca”. Revista Iberoamericana 140 (1987): 517-539.

—. “Notas para la caracterización de un texto seminal: Los Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca”. Nueva revista de filología hispánica 38 (1990): 163-193.

—. “Sección introductoria”. Los naufragios. Álvar Núñez Cabeza de Vaca. Ed.  Enrique Pupo- Walker. Madrid: Castalia, 1992. 9-80.

Serra, Giorgio. “De lo cronístico y lo ficcional en los Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca”. Lemir 9 (2005): 1-9.

Sobrevilla, David. “Transculturacion y heterogeneidad: avatares de dos categorías literarias en América Latina”. Revista de crítica literaria latinoamericana 54 (2001): 21-33.

Spitta, Silvia. “Chamanismo y cristiandad: una lectura de la lógica intercultural de los

 Naufragios de Cabeza de Vaca”. Revista de crítica literaria latinoamericana 38 (1993):  317-330.

Vidaurre Arenas, Carmen. “La interacción de diversos tipos textuales en la obra de Álvar             Núñez”. Sincronía (Otoño 2000): 1-31.

 

Franklin Guzmán Zamora

(Lima, Perú, 19…)

Franklin foto perfil1

Franklin Guzmán Zamora es candidato doctoral en Comunicación e Interculturalidad por la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona, España). Obtuvo una maestría en Estudios Hispánicos en Villanova University (EE.UU., 2010) y un bachillerato en Educación en la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco (Perú, 2008). Su investigación enfoca en el análisis crítico del discurso mediático, los conflictos étnicos socioambientales y la representación mediática de los pueblos indígenas amazónicos de Perú.

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