Artículo: Carolina Yancovic B.

Nostalgia y juego en “El truco” y “Evaristo Carriego” de Jorge Luis Borges

El truco es un juego de cartas popular en Sudamérica, especialmente en Uruguay, Argentina y la Patagonia Chilena y que tiene origen en un juego de cartas popular en España conocido por el nombre de Truquiflor[1]. Según el Diccionario Manual Ilustrado de la Lengua Española el truco es el “nombre dado en la República Argentina a un juego de envite, el más popular del país, parecido al truque[2]”. El truco se juega en dos modalidades diferentes: individual y en parejas. La modalidad en parejas es la más común entre los jugadores, siendo ésta también la única válida para campeonatos de truco. En la modalidad en parejas se elige un líder, quien es usualmente el jugador con más experiencia y quien coordina las jugadas, utilizando contraseñas verbales o físicas previamente establecidas entre ambos compañeros de juego.

El truco posee un lenguaje que rescata elementos del diario vivir que se comunica a través de pequeños versos o cantos para transmitir mensajes al compañero de juego o al contrincante. Estos versos o cantos están profundamente arraigados al sistema de juego, siendo tradicional escucharlos en cada partida[3]. El jugador dirá por ejemplo:

Trucoh como ehte
tengo máh ganaoh
que moroh mataoh

(Fuentes Pereira 140)

 para desafiar a su contrincante ya que probablemente[4] tiene buenas cartas. Otra característica es que el jugador utilizará señas junto a los versos para comunicarse con los demás jugadores. Es posible también que un jugador más experimentado pueda dar señales contradictorias a su compañero de juego y a sus contrincantes, es decir, por ejemplo cantar buenas cartas mientras que le comunica a su compañero que le falta tal o cual carta utilizando señas. Además, en el truco hay que cuidar el lenguaje utilizado durante el juego ya que hay algunas expresiones reservadas que poseen un significado especial para la partida como es el caso de “quiero” y “no quiero” para comunicar el hecho de querer aceptar o no una jugada. En caso de decirlas es posible que se le obligue al jugador a realizar la jugada que está asociada a la frase dicha.

Los juegos de cartas pertenecen a los juegos científicos, definidos como “aquellos en que los que se combinan suerte y estrategia” (Fuentes Pereira 130). El truco debido a la forma en que es jugado, involucra ambas características.  En el truco como en otros juegos de cartas, se utiliza el engaño para ganar cada partida. En este caso, los jugadores utilizarán señas y/o frases con un significado oculto o compartido por todos los jugadores para lograr su objetivo. Jorge Luis Borges da cuenta de esto en su libroEvaristo Carriego (Argentina, 1930) al decir que “la habitualidad del truco es mentir” (40). Sin embargo, no todos los jugadores de truco eligen engañar al oponente, hay algunos que juegan sus cartas sin tener la necesidad de mentir. Esto dependerá de las cartas que posea o de las estrategias que éste decida utilizar en el juego.

Todo juego de cartas es una representación de una visión de mundo. El truco rememora mediante su lenguaje la picardía y la nostalgia del estilo de vida de la pampa argentina que ha ido desapareciendo con el tiempo. La nostalgia es definida como un anhelo del pasado idealizado, “un esfuerzo inútil por recuperar lo vivido, con la misma fuerza y emotividad de su expresión primera” (Quesada Monge 1). Este esfuerzo es un ejercicio repetitivo sin fin. El sujeto vive en función de la evocación del ayer que no ha desarrollado lazos con el presente ya que el ejercicio nostálgico no tiene efecto alguno sobre el presente ni el futuro. “La nostalgia es la magia de la utopía, es el hechizo de una realidad que se quiso distinta y se nos evaporó en las manos” (Quesada Monge 1). La nostalgia es una actitud frente a la vida y para que ésta se manifieste deben existir dos elementos: El sujeto nostálgico y el objeto nostálgico.

El sujeto nostálgico es definido como el sujeto que experimenta la nostalgia. Éste “la hace posible con sus actos cotidianos, sus experiencias, sus acciones y reacciones” (Quesada Monge 2). El sujeto nostálgico siente nostalgia por un objeto que ha desaparecido y que es conocido como el objeto nostálgico. Este objeto ha de tomar formas distintas: puede significar un objeto físico o también un recuerdo o una persona. El truco, como objeto, es un juego nostálgico ya que rememora una forma de cultura anclada en el pasado pre moderno argentino.  El mundo del truco en la prosa y la poesía de Jorge Luis Borges es un intento de recobrar un pasado perdido a través del uso del lenguaje del juego y por lo tanto, de recobrar el mundo pre moderno en el lenguaje escrito. Además, el truco es un juego, por lo tanto, y de acuerdo al concepto de juego, se considera azar y estrategia. Una de estas estrategias es el engaño.  El truco es el mundo del engaño, donde el lenguaje es una construcción metafórica que sirve a este propósito.

Jorge Luis Borges al ser un autor nostálgico por excelencia revive episodios sumidos en la nostalgia a través de su obra. En el año 1923 publica el poemario Fervor de Buenos Aires (Argentina, 1923) y es allí donde plantea por primera vez el mundo del truco. El poeta argentino en el poema El truco (Fervor de Buenos Aires, 1923) revive un episodio de la vida pre moderna y de una tradición perteneciente al mundo de la pampa argentina y de las orillas de Buenos Aires que se desarrolla en la intimidad del hogar. En el poema, Borges recrea una partida de truco donde el lugar de juego, es decir, la mesa corresponde a un nuevo país. Aquí la autoridad está en manos del as de espadas, carta con mayor puntuación en la baraja española.

Borges comienza el poema remontando al lector al pasado de un mundo que en ese momento (el momento de la escritura) está desapareciendo. El poeta presenta la baraja española como “pintados talismanes de cartón/ nos hacen olvidar nuestros destinos/ y una creación risueña/ va poblando el tiempo robado/ con floridas travesuras/ de una mitología casera” (24), donde las cartas o talismanes, con su poder de entregar suerte a quien las juega, transportan al lector y al poeta a un mundo nostálgico donde el tiempo del juego es infinito. Este tiempo parece robado al poeta ya que al ser una experiencia nostálgica no pertenece a la realidad en la que el poeta escribe los versos. Al terminarse el juego o el tiempo robado, el poeta volverá al presente.

Los jugadores de truco en el poema sufren de una abstracción del tiempo al momento de jugar. El tiempo se detiene como si éste fluyera con mayor lentitud en una dimensión paralela. Los lindes de la mesa, como menciona Borges, son los límites de un nuevo espacio “[e]n los lindes de la mesa/ la vida de los otros se detiene. /Adentro hay un extraño país: / las aventuras del envido y del quiero, /la autoridad del as de espadas[5],/ como don Juan Manuel, omnipotente,/ y el siete de oros[6] tintineando esperanza” (24) en los que la autoridad les pertenece a las cartas mayores las cuales desatan una batalla de poderes. Más tarde en el poema Borges prosigue con el ejercicio nostálgico al decir: “[u]na lentitud cimarrona/ va demorando las palabras/ y como las alternativas del juego/ se repiten y se repiten, /los jugadores de esta noche/ copian antiguas bazas[7]” (24). En este juego no sólo el poeta es un sujeto nostálgico sino también los jugadores de truco que juegan pensando siempre en el pasado al recordar juegos anteriores y pretender revivirlos constantemente, haciendo imposible abandonar la nostalgia sentida.

Jorge Luis Borges escribió “Evaristo Carriego” (1930) a causa de un profundo sentimiento de nostalgia hacia el mundo pre moderno que comenzaba a desaparecer lentamente y que él trataba de rescatar. Borges retoma la figura del poeta Evaristo Carriego y reescribe sus temas principales. Además, Borges retoma en este libro algunos de los temas tratados en su poemario “Fervor de Buenos Aires(Argentina, 1923). Incluso va más allá del hecho de revisitar sus propios temas sino que también utiliza algunos de sus versos y los reescribe en prosa, como por ejemplo: Borges comienza el poema El truco (Fervor de Buenos Aires, 1923), con el siguiente verso: “Cuarenta naipes han desplazado la vida” (24) que más tarde repetirá con exactitud en el comienzo del capítulo cuarto de “Evaristo Carriego” (1930). Luego continúa con otro verso del mismo poema: “la autoridad del as de espadas, /como don Juan Manuel, omnipotente, / y el siete de oros tintineando esperanza.” (24) que reescribirá en “Evaristo Carriego” (1930) adaptándolo de la siguiente forma: “un as de espadas que será omnipotente como don Juan Manuel” (40). Esto sólo devela una vez más el carácter nostálgico de Borges que lo impulsa a reescribir su propia literatura. Es esa visita constante de sus versos y su transformación a prosa una característica esencial de un sujeto que se niega a olvidar el pasado.

 En el capítulo cuarto de “Evaristo Carriego” (1930) Jorge Luis Borges hace referencia al juego el truco, objeto nostálgico que le recuerda una forma de vida que está desapareciendo. El autor argentino revive una partida de truco donde los jugadores se transportan a un pasado pre moderno en cuerpo y habla “los jugadores, acriollados de golpe, se aligeran del yo habitual. Un yo distinto, un yo casi antepasado y vernáculo, enreda los proyectos del juego”(40) Es a través del lenguaje que Borges recuerda el pasado y lo revive para dar una cura momentánea a su nostalgia para luego seguir recordando su mundo pre moderno al hablar de  “Milongas de fogón y pulpería, jaranas de velorio, bravatas  del roquismo y tejedorismo”(40). Borges  en “Evaristo Carriego” (1930) no sólo quiere revivir la partida de truco sino el mundo pre moderno en toda su complejidad desde la mesa de truco al almacén de la esquina.

Jorge Luis Borges acude a la nostalgia una y otra vez, recurriendo al jugador de truco. Es este personaje el que le permite al autor reconstruir ese mundo nostálgico. Es en esta instancia que el autor argentino y el jugador de truco sufren el mismo proceso, ambos reviven el objeto nostálgico. Borges recuerda el mundo pre moderno al mismo tiempo que el jugador recuerda sus juegos de truco. En “Evaristo Carriego” (1930) Borges lo señala diciendo “su juego es una repetición de juegos pasados, vale decir, de ratos de vivires pasados” (40). Ambos, poeta y jugador de truco son por consecuencia sujetos nostálgicos.

Con respecto al lenguaje del truco, Borges nos recuerda que éste puede ser usado para diversos fines. Uno de ellos es el engaño:

La habilidad del truco es mentir. La manera de su engaño no es la del póker: mera desanimación o desabrimiento de no fluctuar, y de poner a riesgo un alto de fichas cada tantas jugadas; es acción de voz mentirosa de rostro que se juzga semblanteado y que se defiende, de tramposa y desatinada palabrería (40).

 En el truco, a diferencia de otros juegos de cartas, los jugadores utilizan el lenguaje hablado y corporal para alcanzar el fin último que es la victoria. Para eso mentirán y engañarán a su contrincante, utilizando toda su astucia y picardía para hacerle creer que tiene mejores o peores cartas cada vez que sea posible. El truco es un juego de caretas, de mentiras y jugadas veladas.

En el truco se utiliza el lenguaje coloquial para construir su discurso. Jugadores y espectadores crearán versos para darle realce al juego y desde allí toda interacción entre jugadores se dará en función de la comunicación compartida. El truco como otros juegos de cartas, posee su propio lenguaje, el cual tiene reglas al momento de ser usado. Un jugador podrá cantar que posee una “flor”[8], utilizando el verso como forma de transmitirlo como por ejemplo: “Tengo una bella flor en mis manos qué perfuma mis pasiones” pero este jugador no podrá cantarlo si realmente no tiene las cartas necesarias ya que si así lo hace y no posee las cartas podrá perder la mano y posiblemente el juego. En cambio, el jugador puede aceptar u ofrecer un envite[9] aunque no posea las cartas para apostar ya que si se canta envite y el contrincante las acepta el jugador puede perder o ganar puntos. Todo dependerá del azar en sus cartas y la estrategia utilizada en el juego.

Jorge Luis Borges es un escritor nostálgico que expresa su añoranza del pasado en la utilización del mundo representado por el truco, mundo que a su vez refleja un modo de vida pre moderno. El autor intenta recobrar ese mundo utilizando el lenguaje del truco dejando una prueba de su existencia en su Poema El truco (Fervor de Buenos Aires 1923) y en el capítulo cuarto de “Evaristo Carriego” (1930) El truco. El autor argentino una vez dejada constancia escrita del mundo observado, revisita y reescribe su propia obra. Esto es una prueba más de la nostalgia que siente y que revive cada vez que desea volver a ese mundo que está desapareciendo frente a sus ojos. Se puede agregar también que Jorge Luis Borges siente nostalgia de la nostalgia que le provoca el mundo pre moderno razón que le impulsa a reescribir su obra. Además, se puede agregar que en el truco, como juego de cartas, el jugador utiliza el azar y estrategia para lograr la victoria frente al contrincante. Dentro de las estrategias usadas se puede señalar el engaño, el cual puede ser contemplado el hecho de mentir entregando información falsa o pretender una situación con tal de esconder una buena jugada. Jorge Luis Borges plantea esta situación en “Evaristo Carriego” (1930) al decir “una potenciación del engaño ocurre en el truco: ese jugador rezongón que ha tirado sus cartas sobre la mesa, puede ser ocultador de un buen juego […] o tal vez está mintiendo con la verdad para que descreamos de ella” (40). El truco es el juego del engaño, pero no el engaño común sino un engaño que se adorna  mediante el verso o el canto en función de lograr el objetivo que se plantea. El lenguaje del truco es una construcción metafórica que sirve de propósito para lograr la victoria.

* * *

Notas

[1]El truquiflor o flor corresponde a un juego de cartas de envite jugado en España. Este juego según el Nuevo Diccionario Manual Ilustrado de la lengua Española es “un juego de envite que se juega con tres naipes en el que hace Flor el que junta tres de un palo. Lance en el juego de la perejila o de las treinta y una, que consiste en tener tres cartas blancas del mismo palo”.

[2] El truque es un juego de cartas popular en España que se juega utilizando el naipe español, donde se entregan tres cartas a cada jugador.

[3] Es importante mencionar que la calidad y frecuencia de los versos cantados está relacionado con la experiencia del jugador, a más experiencia más será el uso de este tipo de lenguaje

[4] Hay que tener en consideración que el hecho de cantar buenas o malas cartas corresponde solamente a estrategia y no necesariamente a las cartas que el jugador tiene en su mano, por lo tanto no en confiable.

[5] Carta mayor en el truco.

[6] Carta mayor en el truco.

[7] Una baza corresponde al acto de entregar las cartas en el juego o lo que se le conoce como una mano.

[8] Suerte del truco que consiste en tener tres cartas del mismo palo o pinta ( o su equivalente en comodines, que son el cinco de oros y las únicas figuras con las que cuenta la baraja truquera: rey y caballo de bastos y sota de oros). Con ella se puede competir tanto en el “envite” como en el “truco” (las dos fases del juego).

[9] Corresponde a la primera jugada o mano del juego.

Obras citadas

  • Borges, Jorge Luis. Evaristo Carriego. http://www.elortiba.org/pdf/Borges_Carriego.pdf  <URL>.
  • Fuentes Pereira, Francisco. El truco: historia de una tradición. Revista de Estudios sobre Sierra Mágina. Sunmután N°14. 123-152. Print.
  • Quesada Monge, Rodrigo La lógica de la nostalgia: Historia y cultura en el siglo xx. Ensayo
  • VARIOS: Nuevo diccionario de la lengua española. Barcelona. Ramón Sopena. 1935. Sexta Edición. Tomo II. Pág. 1204-06.
  • VARIOS: Diccionario del español actual. Barcelona. Grijalbo. 1987.

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