Poesía: Alberto Julián Pérez

Los malditos

   I

Inmerso vivo en la rica y seductora

barroca decadencia que me abraza;

prisionero del tiempo, como todos,

gozo lo que puedo aquello que me toca.

Beneficiarios somos y deudores

de esta lluvia generosa de estrellas.

De mi rotunda tierra soy fruto.

Cómo no agradecer a esta, mi agónica

y bella patria amada, si mi musa dorada

es hija de su don exquisito.

Porque mi tierra es poeta.

Uds. y yo compartimos la misma

cultura enferma. Nos tienta,

con sus promesas, la infernal esperanza.

Saquen, si pueden, amigos,

sus conclusiones. Las cosas

van tan bien que no dormimos.

Escuchen mi canto carnal e interesado,

anticanto también, mestizado de voces diversas,

chico de la calle que se refugia donde puede:

del pueblo soy, y de pan vive el hombre.

De este lado luchamos los caídos.

Aunque mucho no pido, el placer hace falta.

Me aguarda esta noche una pícara aventura

(así reverenciamos el amor los plebeyos).

Voy a deslizarme en lecho de espuma

con la mujer que más deseo,

bien armado y positivo mi cuerpo.

Le pediré ayuda a mi alma pervertida:

mi arte poética necesita el desenfreno.

Nadaré lentamente por sus doradas curvas,

bebiendo sus dulces perfumes penetrantes;

cabalgaré ágil entre sus divinas piernas

buscando en su goce el centro de mí mismo;

recorreré, torre encendida, con pasión su cuerpo,

templo profano de amores prohibidos;

descenderé hasta su resguardado nido

que, acalorado y sediento, busca mis besos;

posesivo, acariciaré sus muslos impetuosos

con obsceno, voluptuoso, deleite;

reverenciaré sus esculpidas nalgas de vampiresa

y elevaré una oda sublime a su culo,

sol de nuestra bandera. Argentina vivirá

en su torneado y bello cuerpo. El sexo

caliente de mi diosa, será ejemplo señero

de la perfección sensual de nuestra criolla gente.

Más tarde, yo, poeta, descansaré mi celeste cabeza

alucinada sobre sus suaves y blancos pechos

de Hetaira. Abrazado, satisfecho, a su ser fatigado,

le pagaré ricamente por tanto placer recibido.

Y le brindaré, agradecido, para que se contemple

y me recuerde, un delicioso bouquet

de rimas decadentes.

No soy ni seré nunca el envidiado centro.

Satélite del orbe femenino me consagro,

prendado de su luz y negro agujero.

Descubro, extasiado, tantos versos hermosos,

en los pliegues irreverentes

de sus tatuados cuerpos. Consentido por ellas

no dejo de beber sus flujos estelares.

        II

Luchar debemos por nuestro arte amado.

No habitamos, lo sabemos, en un tiempo sincero.

Heredamos sueños desterrados

de antiguos otoños delirantes.

Vivimos y caemos, heroicos, por nuestras pasiones.

Este, mi verso lírico-antilírico, más bajo que alto,

busca ser un diálogo ferviente y ágil que,

sin cesar, avanza y, generoso, se abre.

Bendice a la materia impura.

Quiere vencer a la sombra amenazante

de la ahuecada voz idealizada que, maliciosa,

espera, y en espejo se mira, de sí misma

enamorada, y confunde su eco con el mundo.

Prefiero verme en el otro, deformado,

(ese otro será un querido compañero),

y sentir que un poeta soy, grotesco,

atado a los imprevistos de la suerte,

laborioso artesano,

que ser engolado cantor de lírica opereta,

genio fingido de arias melodiosas,

vanidoso altavoz de pretendida grandeza.

Cercados estamos de falsas apariencias.

Todo lo que tengo en la vida lo he ganado.

Con paciencia modelo mis ilustrados deseos

que, fuertes, se levantan, esculturas de tiempo,

y son la sonada fuente de mi barroco canto.

Orgulloso estoy de mis finos trabajos.

Vean esta mi incisiva pluma, de falso oro,

cómo brilla. La he comprado en el mercado.

Democrática aguja de nuestra nueva época.

Dichoso siglo XXI, con cuánta ilusión

los malditos te esperábamos. Juntos

coseremos todos los costados.

En el reino de la literatura vivo,

pero no todas son flores. Bien lo sabemos.

Yo he aprendido a luchar contra el lirismo

porque el canto necesita su anticanto

para que la poesía viva en armonía

(esto lo he tomado de Darío,

que todo lo que adoró, destruyó luego,

fundando nuestra verdadera poesía).

Prefiero amor villano a opulento himeneo,

en el pueblo está el ser verdadero.

Pleitesía no rindo excepto al puro sexo,

que se expresa en la fecundidad carnal

de las ideas. Por lo que hacemos, Dios,

nos reconoce. Mis obras con él comulgan

y se abrazan, necesitadas de su generosidad

y la de Uds.

     III

El propósito de nuestro mundo no está claro.

Ante todo dudamos, y con razón.

Libres nos sentimos frente a Erató y su lira.

Agónicos hermanos desesperados

somos, listos a navegar todos los caos.

Charles Baudelaire es el gurú moderno,

con él aprendimos a entrar en el Infierno.

Nuestra maldición pide su propia verdad.

El camino del yo está sembrado de espinas.

Angustiosa es la tardanza de las horas

que nos llegan, silenciosas, del mañana.

Sin arar en el mar no tendremos destino.

Siendo ya las estrellas, buscamos el universo.

Qué se abran las metáforas al infinito.

Necesitamos sentir que estamos vivos.

 

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Alberto Julián Pérez

(Argentina)

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Alberto Julián Pérez es un ensayista, poeta y narrador argentino. Oriundo de Rosario, se recibió de profesor de Castellano, Literatura y Latín en el Instituto Nacional Superior de Profesorado de su ciudad en 1975. Continuó sus estudios de literatura en New York University, donde se recibió de Master en Filosofía en 1984 y Doctor en Filosofía en 1986. Su tesis, Poética de la prosa de J. L. Borges, fue publicada en la Editorial Gredos de España en 1986. A partir de 1987 se desempeñó como profesor de lengua española y literatura hispanoamericana en varias universidades de Estados Unidos, entre ellas Dartmouth College, Michigan State University y Texas Tech University. Recientemente dejó la enseñanza universitaria para dedicarse exclusivamente a la escritura.

Publicó en 1988 una historia satírica, La Maffia en Nueva York, en Latinoamericana Ediciones, Lima. En 1992 apareció su libro La poética de Rubén Darío, en Editorial Orígenes, Madrid. A partir de 1995 sus libros de ensayo aparecieron en Ediciones Corregidor de Buenos Aires, donde fue co-fundador de la Colección Nueva Crítica Hispanoamericana, que hoy dirige junto a María Fernanda Pampín. En 1995 salió su libro Modernismo Vanguardias Posmodernidad; en 2002 publicó Los dilemas políticos de la cultura letrada; en 2006, Imaginación literaria y pensamiento propio; en 2009 Revolución poética y modernidad periférica; en 2014, Literatura, peronismo y liberación nacional. En 2011 apareció en Editorial Corregidor. una segunda edición actualizada de La poética de Rubén Darió.

En el año 2015 publicó en Ediciones Riseñor su libro Cuentos argentinos La sensibilidad y la pobreza. Ese mismo año apareció en esa editorial El valor de una mujer. En 2016 salió una edición corregida de su historia satírica La Mafia en Nueva York. Su obra poética ha aparecido en antologías y revistas. Prepara en este momento la publicación de un libro de poesías, Poemas argentinos, que aparecerá en 2017.

Sus ensayos y sus obras de ficción han tomado como temas centrales la poesía hispanoamericana, la historia y la política argentina, y los mitos y creencias populares.

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