Adelanto Novela: Marcelo Novoa

 

BALADAUTÓMATA

PARA

 PUERTO  TERMINAL

SOBRE LOS TECHOS CONTAMINADOS ME HALLARÁN A SOLAS. Con las primeras lluvias del durísimo tercer invierno, las grandes palmeras cenicientas sueltan su polvillo muerto, por entre el humo rojizo de los incineradores públicos. Esta ciudad abandonada se abre como una flor enferma entre mis manos enguantadas. Llamadme Samy Sonic y escucharán cantar mi espantoso cuerpo. Las gotas encuentran su ritmo sobre este impermeable epidérmico que a su vez las retrasmite a mis neurófonos, amplificadas y transformadas en secuencias rítmicas según mis estados de ánimo. Y vaya si soy voluble. Sólo recuérdenme así, cantando sin voz. Aferrado al laterío aún en pie, levanto mi cabeza para contrarrestar las ráfagas de viento enfermo y muy, muy lentamente, me empapo de muerte.

 …

(◙) escribes luces que arañan las caras / cruzas veredas dictando advertencias / qué confusión tanto rostro muerto / contando cicatrices en medio del torbellino / olores eléctricos ruidosa enemistad apuro ensordecedOR – entrando al mundo interiOR – con su inevitable calOR  / fila funeraria motores rugientes de vejez / no mientan la luz real siempre será novedad / los ojos heridos de viajero temporal / hasta ti llegan mis espasmos de realidad   ////////////////       … alguien acababa de despedirse de parte de su memoria (▬) (◄) (►) en qué idioma la calle se hace oír? Nadie despreocupado por los cambios del cielo, caminas interceptando delirante cántico de reclames comerciales infrasónicos, de una vereda a otra, ritmo-respiración-reposo del pie, cadencia-cosquillea-chirrido, mujer autovolante despega ante escaparate de niños mutantes en adopción. Desde tus más oscuras regiones, bulldozers de impaciencia rugen en lo íntimo: un gordo sin dedos, los pies enormes de aquel, otro con cabeza de alfiler, ciegas enanas intentando llorar sin brazos, para arrancar de cuajo tus silenciosas raíces de cordura en este paseo matinal(▪)

PUERTO MUERTO, QUEMADO, TERMINAL. Así figuraba en los mapas tardíos de las eclipsadas ciudades-factorías-automasiáticas. Algunos muy viejos para olvidar todavía suelen recordar aquella época. Un puerto famoso tras las guerras tácticas por el agua, codiciado por la locura suicida de sus mujerzuelas, la virulencia de nuevos vicios aún en estado de cierta pureza, el tamaño descomunal del deseo crudo de sus habitantes. Y, por cierto, el Interior. Todavía un espectáculo digno de ver. Joya Sucia la llamaron desde entonces. Olvidados de la mano del único mundo real, hasta este puerto maldito ningún barco se asomaría siquiera por error de cálculo satelital, menos, ver desembarcar de nuevo a algún incauto marinero. Como si fuesen espectros, incautos turistas descendidos de embarcaciones inexistentes frente a las cámaras de seguridad sin fin. Pero nada de eso era posible ya. Sólo se divisaban, a lo lejos, naves fantasmas cortando un incesante mar gris veneno, con su cabeceo inútil, inmóvil. Pura fantasía tóxica.

VENDRÁN LLUVIAS SUAVES, CONSTANTES. Propias del cuarto invierno, el menos crudo, rebotando sobre las grandes empalizadas fabriles, haciendo chisporrotear sus neones multiformes como diminutas tormentas eléctricas, tal vez un mudo homenaje (y burla al mismo tiempo) a San Tesla. Porque sólo desde muy lejos, quizás la noche espacial (adivinaron), Citlanta no apareciera más que como pulsar de cuásar extinguiéndose. Entonces, Samy Sonic y Nik Noise, doblaron una misma esquina en puntos tan equidistantes del mismo amanecer de radares domésticos, que no pudieron sino toparse con semejante visión: ese anciano de rostro familiar -demasiado real- cayendo sin manos al fibrocemento. Sintiendo ambos un único e inequívoco estremecimiento, mientras la calle se vaciaba de presagios.

AMBOS CORREN IDÉNTICAS CALLES DE MADRUGADA. Enfundados en sus estimuladores neuronales, similares maquinarias de mutismo les aturden, ni siquiera el volumen de mascotas replicantes ladrando por todo horizonte alcanzaría para tranquilizarles. Allí donde ni la más sórdida memoria random salvaría al menos una sola de aquellas imágenes de perdición. (¿Quieres recordar algo? La solitaria muchacha oriental encadenada a su vidriera, su sangre ¿fresca? sigue manando desde la noche del cuchillo hacia el mar de trastos sucios.) (¿Quieres olvidar lo demás? Baños de indigentes atestados, caras vueltas a las pantallas murales, donde mujeres pintarrajeadas con lógica demencial se desnudan, sin sonido). Al deslizarse por tantos y tantos días helados, patinadores sobre el hielo quebradizo de sus visiones, aislados de la caligrafía cruel que van dejando sus afilados patines, no esperaban este enfrentamiento fortuito, que bien pudiera concretarse a la salida de las zonas comerciales más peligrosas. O bien, saltando desde trenes desiertos hasta sus nichos baratos, con la agarrotada certeza del segundo invierno en sus mejillas rojas y adormecidas por temperaturas bajo cero. Pero la verdad es que ambas sombras se alejan dándose las espaldas, buscándose, aún sin saberlo. Es que así sucede en Citlanta, el escenario brutal donde un atentado no atrae más público que el desfile semanal de tocados. Pues los trenes seguirían sucediéndose a intervalos cada vez más cortos, interrumpiendo el flujo de sus pensamientos, cada vez más alterados, y no puedes hacer otra cosa que esperar el siguiente convoy y así y así, cada vez.

BAÑADO POR UN MAR DE ADVERTENCIAS. No hay fe de erratas posible, somos esa ciudad condenada a la invisible potestad de la miseria, mientras la nostalgia limpia de lágrimas nuestra costanera saqueada. Eso somos, un link mutilado de un bio-soft tutorial para viajeros frecuentes, donde justamente faltan las páginas de salida de este laberinto intolerable. Aquí respiramos el fracaso como la forma más antigua de melodía, en estas regiones baldías donde la suerte cambió el nombre de los días: naufragio, zozobra, ausencia de certezas. Hasta las diferentes longitudes de lluvia se vuelven un hábito molesto, un jingle infernal para rumiar dentro de la cabeza cada vez menos cuerda

EL MAR PERMANECE, INSOPORTABLE PIZARRA GRIS. Aguas hostiles aún para los peces más contaminados, peste fluyendo sin perturbar esa sombra que avanza a tientas; golpe de vista entristece al solitario holograma en negativo que camina las losas blancas del puerto abandonado. Un espejismo de fábricas derrumbándose por todo horizonte. La solitaria sombra no se detiene. Algo cae al fango enfermo de la orilla, sin ruido desaparece tragado casi al instante. Se respira tedio, nada lo perturba. Excepto, claro, las breves olas que parecen quemar la playa desnuda. Sin espuma. Un incansable fósforo que se enciende y apaga contra la noche de arena.

– Vamos, destructor de mundos, desempaca tu arsenal y pon manos a la obra.

– Calma, no hay ningún apuro, desertora. Esto terminará cuando acabe. Nunca antes…

 

2 Comments Add yours

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s