Entrevista: Cristian Geisse

Entrevista con Cristian Geisse: “Me siento parte de una comunidad de escritores de provincia”

Mientras espero a Cristian Geisse llegar a nuestro punto de encuentro, escucho un par de hombres hablar sobre el diablo. Conversan sobre él como si fuera un conocido y, de hecho, lo es para la mayoría de nosotros. Uno le dice al otro: “es que lo que pasa es que el diablo lo sabe todo, lo ve todo compadre”. Sonrío mientras veo aparecer entre la gente la figura distintiva de Geisse. Camina con calma, con sus manos en los bolsillos y la espalda ligeramente arqueada, tal como lo hacemos en la Patagonia cuando hay viento.

Conversamos sobre la vida y la literatura mientras esperamos la comida. Aún choqueados por la muerte repentina de Chris Cornell, repasamos rápidamente sus grandes éxitos y concluimos que sigue el camino trágico de los grandes músicos del grunge de Seattle. Imposible no recordar la figura de Kurt Cobain y el impacto que tuvo en toda la música de Nirvana.

Hace frío en Santiago y nuestras manos lo evidencian.

Carolina: ¿Cuáles son tus influencias literarias?

Cristian Geisse: Es importante para mí la tradición carnavalesca. Petronio, Apuleyo, Rabelais, El buscón, El Quijote, Cándido. Son importantes tanto por su actitud como por el realismo grotesco. También los escritores que considero parte de lo que llamo novela del cinismo y que, de una u otra forma, continúan la tradición anterior: Joyce, John Fante, Henry Miller, por mencionar los que primeros se me vienen a la mente. Dostoievski tiene un lugar especial en mi sistema de preferencias. También algunos nombres de la narrativa social chilena: Manuel Rojas, José Santos Vera, Droguett, Alfonso Alcalde especialmente. Y Juan Rulfo, por la cresta. La literatura oral es también fundamental en lo que he hecho, sobre todo esa que no tiene pretensiones de serlo.

C: ¿Qué autores chilenos o extranjeros te inspiraron a escribir sobre el diablo?

CG: Ningún autor chileno me inspiró. Pero creo que el diablo de Iván Karamazov fue de alguna forma clave. Ese diablo poca cosa, de medio pelo, pero sicológicamente retorcido y malo, aunque tan razonable. No sé, quizás me dio una impresión fuerte sobre la enorme versatilidad y las posibilidades de un personaje así.

C: ¿Por qué decides escribir sobre el diablo y cómo nace el interés de escribir sobre él??

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En el regazo de Belcebú, 2011. Editorial Perro de Puerto.

CG: Escuché historias sobre el diablo desde pequeño y el efecto que producían en mí era fuerte. Contarle un cuento sobre el diablo a los niños es una experiencia narrativa muy intensa. La forma como los cautiva es extraordinaria. Es un personaje literario de una belleza y diversidad fuera de serie. Para qué hablar como personaje mitológico. Y como personaje real: mejor ni te cuento. En algún momento me vi escribiendo, obsesivamente y sin ninguna premeditación, historias en las que él aparecía. Entonces me vi con seis cuentos. Chucha, dije, aquí hay algo.

C: ¿Cómo lo relacionas con el contexto literario actual?

CG: No lo puedo relacionar realmente, pero es más que nada desinformación. Igual quizás haya una conexión con la literatura desarrollada en provincia. El otro día pensaba que me encantaría que me relacionaran con gente como Federico Falco y Liliana Colanzy, que me parece están desarrollando estéticas y temáticas similares. Ellos hablan desde la provincia y escriben cosas de una calidad muy alta, o así me parece a mí.

C: ¿Crees que la trilogía del diablo viene a llenar un espacio en la narrativa actual?

CG: No lo sé. No estoy muy seguro. Espero que sí tenga un espacio, que se lo gane solito, sin pegar codazos de ninguna especie. Ojalá brille, a pesar de su turbiedad. Alguien escribió que en mis cuentos se notaba la genuina necesidad de narrar una historia, lo que me distinguiría de otros. Me gustó bastante eso. Pero no surgió como reacción contra nadie, tampoco como continuidad de ninguna tradición. Por lo menos no conscientemente. Lo que sí puedo decir es que me siento parte de una comunidad de escritores de provincia. Yo siento que la provincia puede ser el centro. Y que el centro puede estar en muchas partes a la vez. Nuestros tiempos, los nuevos paradigmas y los medios de comunicación hacen posible algo así.  En un rato esto se anduvo formalizando con mi integración al grupo de “Los Pueblos Abandonados”, es decir, Marcelo Mellado, Mario Verdugo, Daniel Rojas Pachas, Óscar Barrientos y Cristóbal Gaete.  Creo que el grupo no prosperó mucho como tal, pero yo sigo pensando que formal o informalmente trabajamos desde perspectivas similares. Si hay que ocupar un espacio, que sea desde el de una literatura que entre otras cosas, está destruyendo y reinventando retóricamente Chile y el mundo desde la provincia. Se me ocurren muchos otros nombres: Rolando Martínez, Juan Malebrán, Juan José Podestá, Rodrigo Ramos Bañados, Óscar Petrel, Pavel Oyarzún, que siento van en esa línea.

C: De modo personal planteo que el diablo es una alegoría del capitalismo. ¿Es posible que Terri sea una alegoría del chileno?

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Terri.

CG: Lo que pasa con la alegoría es que es intencionada. No estoy seguro de que lo que he hecho sea muy consciente. Me sale de adentro sin mucho cálculo o programa. Pienso que hay una marca fuerte, quizás, crítica del capitalismo: es una reacción casi espontánea. Soy víctima, pero posiblemente también cómplice. Es muy complejo. Pobres diablos arrollados por la vida, hundidos hasta el cuello en su propia mierda, en callejones sin salidas. Esa mano invisible que te apura, te empuja, te hace caer y arrastrarte. En el caso del Terri, pienso que casi todos somos el Terri. Por lo menos, la gente que conozco bien y con la que me identifico más: mestizos, huachos, sucios, callejeros, precarios. Una mezcla sin pretensiones, con muy poca vanidad. Los quiltros provocan simpatía, pero ahí están, semiabandonados, suelen morir en la huella y en casos extremos, convertirse en jaurías peligrosas para los transeúntes. Yo soy chileno, aunque sin ninguna otra opción. Es lo que hay. Y trato de escribir sobre lo que hay, sobre lo que conozco, así sale mejor.

C: Tus historias son finalmente un recordatorio de que todos somos quiltros y con eso una advertencia de que como quiltros podemos terminar nuestras vidas como Marambio, ¿o sea que el chileno está de alguna u otra forma predestinado al fracaso?

CG: Yo he visto a los chilenos caerse feo. Pero siempre se levantan. Un quiltro no muere así como así. Y siempre hay quiltros. El chileno es conservador, pero también experimenta y fracasa. A veces fracasa mal y tuerce su destino para siempre, pero suele ponerse de pie. Yo creo que hay que seguir ese tremendo consejo de fracasar cada vez mejor. Pero a veces uno queda dañado para siempre y arrastra una hediondez moral que puede terminar en la aniquilación. Yo espero que eso no le suceda a Chile. Chile es un país y no una persona, aunque pueden encontrarse similitudes y jugar. Lo malo de Marambio es que tropieza con la misma piedra. Y parece no conocerse. O bien, ser un insensato al modo de Edipo Rey, que es incapaz de entender que el problema es él. Aunque tal vez sin darse cuenta desea hacerse daño. Esto le sucede a la gente, tiene que ver con el entorno familiar, o la ausencia de él. A veces tiene que ver con el entorno en el que se ha formado uno, con las horribles decisiones que uno toma, quizás buscando inconscientemente hacerse daño. También con eventos aparentemente aislados que lo mandan a la mierda a uno. El punto es que todo ese tipo de cosas no solo puede conducirte a fracasar de forma irreversible, sino que también puede llevarte a la muerte. Yo espero que Chile esté lejos de eso. Quizás no parezca, pero soy una persona más bien optimista respecto de los seres humanos en general.

C: ¿Cuál crees tú que es tu lugar en el contexto chileno antes y después de la publicación de Ricardo Nixon School?

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Ricardo Nixon School, 2016. Editorial Emecé

CG: El Ricardo Nixon School fue una manera de salir de la tercera división y pasar a la segunda, o algo así. Yo juego el juego con las mismas ganas, aunque quizás con un público distinto, más amplio digamos. No lo veo de otra forma. Pensé que la difusión más extendida de mi trabajo, me podría haber ayudado a conseguir expectativas laborales mejores. Algo así sucedió, pero tampoco ha sido nada muy impresionante. Yo me siento casi más o menos donde mismo. Necesito desesperadamente profesionalizarme más en la escritura, pero hasta ahora ha sido difícil, por alguna razón no he dejado de explotarme a mí mismo y sigo siendo profesor, lo que me quita horas muy valiosas. Para mí más importante que difundir lo que escribo, es escribir mejor. No siento que pueda haber un progreso significativo sin obtener más tiempo para estudiar y escribir literatura. Mi lugar, en ese sentido, está en el mismo lugar que antes.

C: ¿Qué otros autores crees que ocupan contigo ese lugar?

CG: Yo soy un escritor de provincia: nací, crecí y me formé en la provincia. Pienso que puedo hacer las cosas desde acá y desde dónde sea. No tengo la más mínima intención de irme a Santiago para tratar de hacer mejor mi trabajo. Creo que, si pudiera, viajaría más y conocería más lugares, incluso viviría en otras ciudades. Por el momento se me ha hecho difícil, pero quizás no sea tan importante como tratar de escribir libros verdaderos y de una extraña belleza, que hablen a la gente, aunque la gente no los escuche inmediatamente. Pienso que hay mucha, mucha gente ocupando un lugar similar. Ya te mencioné a algunos anteriormente. Muchos de ellos son grandes amigos míos y creo que la mayoría de ellos en algún momento van a conseguir cosas realmente importantes desde donde están. Y te estoy hablando de Arica, Guanajuato, Punta Arenas, Puerto Montt, San Antonio, Talca, General Cabrera, Valparaíndio, Cochabamba, Vicuña City.

C: ¿Qué piensas sobre el éxito de algunos autores en la tv y en el mundo editorial?

No pienso nada de nadie en particular en ese sentido. A veces me desconecto mucho. La fama es emífera. Yo creo que todos los que tienen éxito lo saben. Ponerse a trabajar para alcanzar fama puede ser un engaño fatal. Sobre todo si alguien traiciona sus visiones más poderosas para obtener ese tipo de éxitos. Ahí la droga deja de ser un medio para convertirse en un fin en sí mismo. Pero si no se traiciona lo que se cree o lo que se es, las posibilidades de terminar realizando algo verdaderamente notable quizás no se vean afectadas con el éxito. Creo que una de las formas de éxito más importantes es que la gente a la que admiras te respete. También recuerdo a un chico reality que se salió del sistema, diciendo que para él era más importante el prestigio que la fama. No sé quién chucha fue, pero pensó bien, o eso creo. Hay que tomar en cuenta también la idea de preocuparse más de la obra que del impacto que pueda tener su resultado. Cosas así se me vienen a la cabeza cuando me haces esa pregunta. Pero sinceramente, no es mucho lo que yo pueda decir al respecto.

@Revista Telescopio.

Lee también: Marambio el Quasimodo de En el Regazo de Belcebú de Cristian GeisseCuento: Cristian Geisse

 

Cristian Geisse

(Vicuña, Chile 1977)

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Licenciado en Letras por la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile, magíster en Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y responsable de un proyecto ganador de un Fondo del Libro (Chile) mediante el cual publicó una colección de tres libros que reúnen parte importante de la obra de Alfonso Alcalde. Ha publicado también sus libros de cuentos: “En el regazo de belcebú”(Ed. Perro de puerto 2011) , El infierno de los payasos”(Ed. Altazor 2013),”Ñache” (Bordelibre ediciones, 2015) y su primera novela “Ricardo Nixon School” (Emecé , 2016).

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