Poesía: Manuel Vallejos

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Acuario

Los pinceles son largos y barbados
anfibios: reposan
sumergidos en un vaso con agua
y solo despiertan tras la untada
en la viscosa materia del pigmento.

Tu torpeza los espanta:
pasas a llevar el vaso con la zurda
y escapan asustados mesa abajo.

El desastre, como un pulpo,
deja tras de sí una mancha
de tinta diluida; en ella te lees
como en un espejo de obsidiana:
eres la suma imposible
de todos los colores, la seña
informe y grisácea de lo que alguna vez
fue una paleta de amarillos y verdes
que en la turbiedad del acuario
camuflaron la luz.

Buscas algo entre la seca
abulia dominical
cierta nota atrapada
en el oído o en no sé qué
aire después de la siesta -como si
la borra del sueño viniera a tumbarte para socavar
la tarde-. No importa
si esa huella en tu tímpano es idéntica al original
después de todo no hay
similitud entre la mano y la pincelada;
en nada se parece
el crisantemo al llanto del jardinero o el lirio
al dolor de los deudos. Así las cosas
recuperarás ese sonido en cualquier otro, del modo
más ridículo o solemne volverá
porque de este palacio que es el mundo nada se escapa
porque, en realidad, nada has perdido
excepto tal vez ese único sonido
la primera caricia
que tan difícil resulta separar
del silencio.

 

El buzo (consejo taoísta)

Entra delicadamente
al agua matinal
como la primera palabra
que apenas difumina
el silencio nocturno:
no perturben
tus ondas el ritmo
más antiguo de las olas.

Cuando nades, imita al gesto
que penetra callado por el rostro y se queda
amotinado entre la carne
para decir lo que la lengua esquiva. Sin prisa
sumérgete en lo oscuro:
eres el ciego que ya no espera ver la luz
pero que mide el mundo
con la innegable precisión del tacto.

En tu descenso se interpondrán
algas y peces: recuerda
que en el océano nadie puede trazar
una línea que perdure.

Tampoco busques, como la materia muerta,
tocar fondo, el hueso marino que llamamos lecho
está ahí para recordarte que eres
huésped de otro cuerpo, un visitante
ajeno al incesante abrazo de lo líquido.

Ten esta certeza: lo que buscas
no es un objeto, la pieza centellante que deseas,
más bien será una errata,
el ojo de un vacío
que no esperabas
pero que te espera.

Cuando retornes, hazlo con cuidado:
en lugar de volver con la cabeza
llena de aire,
mareado y revuelto como un recién nacido,
trae refulgiendo
entre tus labios
la perla.

 

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El pugilista

Un pugilista ebrio trata de golpear una mosca
que permanece, inmóvil, sobre la mesa. Estira
su brazo amagando un gancho
de izquierda a derecha
-el proceso de lectura,
el crecimiento de las plantas,
la gillette que corta la barba cada día, en fin,
otro movimiento aprendido-. La mosca
ni se inmuta y como las cosas
que miran quietas y se burlan,
la mosca se ríe
del brazo, del ojo que mira,
del corazón que palpita se burla
desde su muerte y la curiosidad de la vida
mirando. El pugilista
recuerda sus mejores rounds –un tipo
padre de tres hijos que perdió tres
dientes al caer sobre la lona- y se echa un trago,
sobre las alas extendidas de la mosca
la muerte parece una torpe cuenta regresiva
que no avanza.

 

Cuadro

En pleno recreo miras
a tus compañeros
con la vista fija:
la niña más crecida del curso
sentada
con las piernas abiertas exhibe
un blanco y ajustado lienzo
que los niños tiñen
con su risa. Ella,
coqueta y furiosa, se levanta
y de un combo te vuela
el último diente
de leche.

 

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Ella se viste
(N. Van Wieck)

El duro y atascado
cierre de tu falda
me deja,
por un instante,
lejos de ti:
agazapado
observo mi ausencia
en tus dedos contraídos
y soy
una mota de polvo
entre los rayos del sol tibio
o la pulga
que tus uñas,
después de la picadura,
revientan.

 

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Manuel Vallejos (Chile 1985)

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Es Doctor © en Literatura por la Universidad de Chile y Magíster en Letras por la P. Universidad Católica de Chile. Sus poemas han sido publicados en diversas antologías, entre ellas 10 años de poesía en Balmaceda: Antología histórica y Chile mira a sus poetas. Ha recibido el premio Facultad de Letras UC, mención poesía, el Premio Especial Roberto Bolaño y la beca de creación de la Fundación Pablo Neruda.

 

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