Cuento: Carolina Yancovic

Carne por carne

Hacía calor en la carnicería, y se notaba en el par de corderos cortados a la mitad que colgaban desde los ganchos que había puesto en la ventana. Su mujer le había dicho que sacara el mosquitero durante las primeras horas de la mañana para que pudiera refrescar bien la sala de ventas, pero por supuesto no le había hecho caso y ahora estaba arrepentido. La carnicería estaba en una sala contigua a la casa, pero tenía un pequeño pasillo que llevaba a la pieza de visitas, que era la que se encontraba más cerca. Él estaba solo en la casa ya que la Julia había ido a la feria por las verduras para el almuerzo. Se secó como pudo el sudor con la manga y dio vuelta la paleta de vacuno que estaba desgrasando. Después de eso tenía que moler carne y dejarla en la vitrina, junto a las chuletas de chancho que había trozado la noche anterior. Tenía plena confianza que esta sería una buena jornada. Se sentía orgulloso de su pequeña carnicería, llevaba años trabajándola y era común ver a las personas del pueblo comprar todo tipo de productos. Siempre estaba preocupado de mantenerla lo más aseada posible, ya que odiaba el olor a sangre y a carne descompuesta.

Levantó la vista y lo primero que vio fueron los pechos firmes de Oriana. La chica de unos trece años, llevaba un vestido floreado y un par de ojotas de goma de neumático. El pelo hecho una trenza dejaba caer un par de mechones que se posaban libremente sobre su frente blanca. Estaba sudando y llevaba a su hermana menor de la mano. La niña de no más de 9 se limpiaba constantemente los mocos que se mezclaban con el polvo del camino. Recorrió su cuerpo con lentitud mientras que sentía que la temperatura de la habitación aumentaba. Hace una semana que las hermanas García no iban y él ya las echaba de menos. Mi mamá nos envió por el encargo de la semana- escuchó mientras pensaba en la próxima hora. Miró a Oriana y dijo suavemente: Hoy no se puede, mi mujer está en la casa y tu sabes que cuando la Julia se queda no podemos hacer trato. Van a tener que volverse con las manos vacías nomás. Pero tu sabes que el Carlos no come nada que no tenga carne- dijo Oriana con un hilo de voz tembloroso.  ¡Que no se puede te dije! – contestó él con un grito firme y volvió a la paleta que tenía inconclusa. La joven lo miró por unos minutos seguir con el trabajo, admirando la destreza manual para voltear el pedazo de carne una y otra vez, admirando el filo del cuchillo y como sus manos grandes tomaban la paleta y se deslizaban con cierta delicadeza.

– ¿Cuánto tiempo seguirás parada ahí? Ya te dije que hoy no hay trato- dijo el hombre repentinamente.

– Pero usted sabe que si no llego a mi casa el Carlos se va a enojar y que decir de mi mamita. No quiero dormir en el patio otra vez – dijo la adolescente suplicante.

Miró a la muchacha una vez más sin decir nada. Dejó el cuchillo sobre la tabla de cortar carne y se limpió las manos ensangrentadas en el delantal blanco impecable que llevaba puesto. Sígueme- dijo.

Oriana dejó a su hermana sentada en el escalón de la carnicería jugando con un trompo mientras desaparecía por el pasillo.

Carmen no supo con exactitud cuanto rato miró dar vueltas y vueltas el trompo viejo de su hermano lelo. Sólo que le pareció que las moscas del lugar habían aumentado y ahora caminaban por encima de los corderos y las chuletas sobre el mesón. Se entró para protegerse del sol. Tenía las piernas rojas y si seguía ahí no podría usar las ojotas al día siguiente. Había un silencio extraño en la habitación que ella no sabía explicar. De pronto, su hermana y el hombre aparecieron por el pasillo. Oriana parecía acalorada y un poco incomoda.

– ¿Te irás sin tu carne Oriana? – escucharon las niñas mientras salían del lugar. ¿No habrás venido hasta acá para irte sin ella, no?

– ¿Dónde estabas? – Preguntó Carmen asustada. Sus manos le dolían de tanto apretar el trompo.

– Gracias Don Juan – dijo Oriana sin responder a su hermana.

– Nos vemos la próxima semana- dijo él. – Las estaré esperando a ambas- dijo el hombre sonriente, mientras observaba a las niñas alejándose por el camino de tierra que llegaba a Pueblo Hundido.

 

Carolina Yancovic

(Chile, 1983)

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Carolina Yancovic  es Editora de la Revista Telescopio, profesora de inglés de la Universidad de Magallanes,  magíster en Estudios Hispánicos de la Universidad de Villanova y magíster en Literarura de la Universidad de Chile. Ha publicado su novela Tras esos muros (Ediciones Universidad de Magallanes 2005) y un libro de cuentos titulado Café París (2018).

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