Cuento

El mismo por Cristian Vila Riquelme

Cuando se encontraron, frente a frente, cara a cara, cuerpo a cuerpo, se dijeron al mismo tiempo que no era eso posible. De ninguna manera. Cómo podía serlo si nunca habían sido iguales, ni siquiera habían nacido al mismo tiempo. Tenían distintos tonos de voz, maneras diferentes de hablar como por ejemplo cuando uno decía: “eso es cierto“, el otro decía: “eso es verdad”. Como una especie de machacona seguridad en uno y de conformismo en el otro.

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Seguir aquí  por Cristian Geisse

…estábamos viendo la novela con mi hermana y de pronto apareció. Afuera estaba oscuro y lo vimos ahí en la ventana. Miró fijo para adentro. Es negro, chico, tiene la cabeza cuadrada y los ojos grandes…

…nos pusimos a gritar y se fue…

…a mi tía le aparecen unas marcas en los brazos, ella dice que es un duende negro que la persigue desde que es chica. Todos pensaban que estaba loca hasta que un día nos mostró los brazos y vimos cómo le empezaban a aparecer unas rayas rojas, como si un animal le estuviera pasando las garras. Algunas sangraban, poquito, pero sangraban. Yo creo que es él, el hijo de la muerta…

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De la la importancia de los relojes para los buenos modales por Cristian Vila Riquelme 

Nunca se habían dado cuenta de que Jacinto veía todo al revés, o sea, lo que estaba arriba lo veía abajo, la derecha a la izquierda, como si permanentemente estuviera haciendo la posición invertida (por decirlo de alguna manera).

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El vaquero que contaba las estrellas por Beda Estrada

El sheriff avanzó con paso firme hacia la puerta, sus pesadas botas hacían rechinar la madera del suelo. Se ajustó el cinturón, y cruzó el umbral. El brillo exterior le hizo parpadear un par de veces, luego, levantó sus manos hacia el conglomerado humano que se hallaba afuera de la comisaría. La conversación que bullía bajo el sol caluroso del mediodía, poco a poco, comenzó a declinar hasta convertirse en un suave murmullo. El sheriff escupió la tierra arcillosa y reseca, esa fue la señal para que todos, definitivamente, callasen.

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Implante mortal por Beda Estrada

Me estaba lavando los dientes frente al espejo de mi baño. Mi baño, mi baño un completo vejestorio que en ese instante era un completo desastre, debía limpiarlo cuanto antes o los gérmenes terminarían por hacer presa de mi cuerpo. Observaba el reflejo de mi rostro en el espejo, cuando, de improviso, recordé el caso que mi amigo tuvo que resolverlo en forma expressy que, además del esfuerzo, le había costado un diente.

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Carne por carne por Carolina Yancovic

Hacía calor en la carnicería, y se notaba en el par de corderos cortados a la mitad que colgaban desde los ganchos que había puesto en la ventana. Su mujer le había dicho que sacara el mosquitero durante las primeras horas de la mañana para que pudiera refrescar bien la sala de ventas, pero por supuesto no le había hecho caso y ahora estaba arrepentido.

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In – dependiente por Ximena Candia

Caminar sola a la orilla del mar era un cliché. Esa manida imagen de una mujer que, al lado del mar, sintiendo la brisa fresca, la humedad de la arena y las miligotas mojando las piernas, llega a conclusiones profundas y se da cuenta del rumbo que debe dar a su vida.

Se detuvo a mirar el horizonte y se adentró un poco en el agua. Cada poro se despertó por el frío.

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